No pudo resistir el corazón de Dios a la fuerza de tantas súplicas


 El emperador Teófilo, aunque había sido en vida gran perseguidor de las sagradas imágenes, se reconoció antes de morir y detestó sinceramente sus culpas. Sin embargo, en aquel último trance no pudo hacer la debida penitencia, por lo que hubo de pagar su deuda en el Purgatorio.

Su piadosa consorte, Teodora, que tanto había trabajado por su conversión, hizo mucho más para librarle de las penas de la otra vida. No solo ella, junto con toda su corte, se desahogaba en lágrimas y fervorosísimas oraciones, sino que además mandó ofrecer sacrificios y plegarias en todos los monasterios.

Acudió también al señor Patriarca de Constantinopla, Metodio I de Constantinopla, para que con su clero multiplicase las oraciones públicas y privadas en sufragio del alma de su difunto esposo.

No pudo resistir el corazón de Dios a la fuerza de tantas súplicas. En medio del fervor de las oraciones comunes, apareció a aquel venerable prelado en el templo de Santa Sofía un ángel resplandeciente, que dijo:

Episcope, exauditæ sunt preces tuæ, et veniam Theophilus impetravit.

Es decir: “Han sido oídas tus oraciones, oh pastor venerable, y en virtud de ellas Teófilo ha obtenido el perdón de toda deuda”.

La misma Teodora tuvo en ese tiempo una visión prodigiosa, en la cual el eterno Juez le aseguró que, por sus súplicas y por las de sus sacerdotes, Teófilo salía libre del Purgatorio:

Propter te tuorumque sacerdotum preces, tuo conjugi do veniam.

Por lo cual, las oraciones y plegarias, no solo en la corte sino también en toda la ciudad de Constantinopla, se convirtieron en acción de gracias y en júbilo por la glorificación alcanzada por el emperador difunto.

He aquí el efecto de las oraciones de los fieles por las almas de los difuntos: hagámoslas también nosotros con tal fervor, que los nuestros alcancen lo más pronto posible el deseado socorro.

Rezaremos cinco Padrenuestros, cinco Avemarías y cinco Réquiem.

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