se le aparecieron unos demonios. Le hablaron con astucia

Un hombre dominado por el vicio del juego pasaba las noches enteras en el casino. Cada vez perdía más dinero, y aun así volvía con la esperanza de recuperarlo todo de una sola vez. Su vida se había reducido a esa obsesión.

Una noche, cuando estaba abatido por tantas pérdidas, se le aparecieron unos demonios. Le hablaron con astucia y le hicieron una propuesta: si les entregaba su alma, ellos harían que ganara en el casino. El hombre, cegado por la ambición, imaginó que se volvería millonario. Pensó que primero obtendría la fortuna y luego ayudaría a su familia con millones. Convencido de que aquello le traería riqueza, aceptó el trato.

Esa misma noche fue al casino. Para su sorpresa, comenzó a ganar. Una vez tras otra, las apuestas le favorecían. En poco tiempo tenía delante una gran cantidad de dinero. Su corazón se llenó de orgullo y de una falsa seguridad. Creyó que el pacto había funcionado y que su riqueza apenas comenzaba.

Pero en lugar de retirarse, siguió jugando. La codicia lo empujaba a apostar cada vez más. Lo que había ganado empezó a disminuir. Perdió una parte, luego otra, y siguió apostando con desesperación para recuperarlo. Antes de que terminara la noche, todo el dinero había desaparecido. Había vuelto a quedarse sin nada.

Salió del casino abatido y emprendió el camino hacia su casa atravesando un sendero que pasaba junto a un bosque. Mientras caminaba en silencio, las sombras del bosque parecieron moverse. Entonces volvieron a aparecer los demonios.

Le recordaron el pacto que había aceptado. El hombre intentó retroceder, lleno de terror, al comprender el engaño. Aquella victoria en el casino no había sido una bendición, sino un anzuelo para arrastrarlo más profundamente al vicio y a la ruina.

Sin poder resistirse, fue tomado por aquellas criaturas y se lo llevaron con ellas en cuerpo y alma. Así terminó quien, por la ambición y el juego, había entregado lo más valioso que poseía.

Comentarios