Miguel Sicidites, un hombre conocido por su carácter engañoso, era tenido por ladrón y embaucador, y se valía de prácticas que muchos consideraban arte prohibida y oscura.
No eran simples trucos los que empleaba, como algunos decían, sino recursos que, según la opinión de muchos de su tiempo, pertenecían a la magia negra. Con estas acciones lograba que unos se maravillaran ante lo que veían, mientras otros quedaban profundamente aterrorizados por los efectos que provocaba en sus sentidos.
Durante el reinado de Manuel Comneno, apartaba de la vista lo que los ojos contemplaban y enviaba multitudes de demonios contra aquellos que quería aterrorizar. Cuando, desde un lugar elevado del palacio, vio una pequeña embarcación que transportaba ollas y platos, mediante un encantamiento hizo que el marinero se levantara y, sin comprender lo que ocurría, terminara entregando la mercancía. El mago se aprovechó de la situación y se quedó con los utensilios, entre los cuales había piezas de oro y plata que el marinero llevaba con la intención de venderlas.
Poco después, el marinero, al darse cuenta de lo sucedido y ya fuera del engaño, se tomó la barba con las manos y comenzó a lamentarse con gran angustia. Cuando el efecto de la ilusión desapareció, reaccionó con enojo y desorden interior, quejándose profundamente por haber perdido su carga.
Cuando se le preguntó por qué había tratado así sus mercancías, contó con dolor que, mientras estaba concentrado en los remos, había visto una terrible serpiente extendida sobre los objetos, con los ojos fijos en él como si fuera a devorarlo, lo que lo llevó a actuar de forma desesperada.
Hizo también algo similar. Mientras se bañaba, comenzó a discutir con algunos; poco después salió. Más tarde, otros corrieron jadeando por el miedo y la prisa, diciendo que del canal había salido un agua caliente y hombres negros como el pez, que les golpeaban con los pies.
En otra ocasión, cuando algunos acudieron a buscarlo, aseguraban haber visto cómo unas formas extrañas, semejantes a sombras negras con cuernos y rostros deformes, se movían a su alrededor. Aquellas figuras, envueltas en una presencia inquietante, parecían rodearlo por completo, cerrando el paso a cualquiera que intentara acercarse.
Ante la mirada de los presentes, aquellas figuras lo envolvieron como una sombra espesa que lo cubrió por entero, y, en un instante, fue levantado del suelo y llevado por los aires, desapareciendo de la vista de todos. El grupo quedó paralizado por el asombro y el temor, sin poder intervenir ni comprender con claridad lo ocurrido.
Sin embargo, al relatar lo sucedido más tarde, sus palabras no fueron tomadas en serio. Como el grupo había estado bebiendo, muchos atribuyeron su testimonio a la imaginación o al efecto del alcohol, desestimando lo que afirmaban haber visto y dejando su relato sin crédito entre los demás.
¿Quién era Miguel Sicidites?
Un hombre conocido por engañar a otros, utilizando prácticas que muchos consideraban peligrosas y fuera de lo permitido.
¿Qué tipo de acciones realizaba?
Acciones que confundían los sentidos de las personas, provocando asombro en algunos y miedo en otros.
¿Qué ocurrió con el marinero?
Fue llevado a actuar sin comprender lo que hacía, entregando su mercancía tras percibir una amenaza que no era real.
¿Qué vio el marinero que lo hizo reaccionar así?
Creyó ver una serpiente amenazante sobre sus objetos, lo que lo llevó a actuar con desesperación.
¿Qué sucedió en el canal?
Algunos afirmaron haber visto fenómenos extraños que les causaron gran temor, interpretándolos como ataques.
¿Qué dijeron los testigos sobre la desaparición del hombre?
Aseguraron que figuras extrañas lo rodearon y lo elevaron, llevándoselo sin dejar rastro.
¿Por qué no se creyó el testimonio final?
Porque quienes lo contaron habían estado bebiendo, y otros consideraron que todo fue producto de la imaginación.
¿Qué enseñanza deja este relato?
Que el engaño puede manipular tanto la mente como las emociones, y que es necesario mantener el juicio firme para no caer en confusión.



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