la práctica de la magia y el castigo o fin de quienes se dedicaron a ella

 

 Zoroastro fue un profeta de la antigua Persia y fundador del zoroastrismo.

 Enseñaba la existencia de Ahura Mazda como Dios supremo y la lucha moral entre el bien y el mal, donde cada persona elige con sus actos. Sus enseñanzas se conservan en el Avesta y tuvieron gran influencia en otras religiones.

Así, Zoroastro fue consumido por las llamas, y Simón el mago pereció por una caída desde lo alto.

 Zaroes y Arphaxat, magos que engañaban a los hombres en ciudades de Persia, fueron —según se cuenta— abrasados por un rayo en la misma hora del martirio de los apóstoles Simón y Judas, como refiere Abdías, obispo de Babilonia. Asimismo, leemos que Cinops, príncipe de los magos, fue tragado por las olas mientras el evangelista Juan oraba.

Juan Reuchlin, varón muy erudito en lenguas,   quien se ligo a sociedades oscuras , éstos son inducidos por engaños dudosos o falsos a mentir; luego, los demonios los entregan para ser atados, atormentados y ejecutados, o bien ellos mismos los arrastran a muertes trágicas y lamentables. De este modo suelen las potestades de las tinieblas recompensar a sus seguidores.


Lucio Pisón, en el primer libro de sus Anales, afirma que el rey Tulo Hostilio, al intentar invocar a Júpiter mediante los ritos tomados de los libros de Numa, por haberlos realizado de forma imperfecta, fue herido por un rayo. Anfiarao, adivino de Argos, no pudo evitar ser tragado por una abertura de la tierra el primer día que llegó a Tebas.

El emperador Majencio se entregó a las artes mágicas —para las cuales era más apto que para gobernar—. En ocasiones invocaba demonios mediante ciertos ritos secretos y, siguiendo sus respuestas, intentó rechazar la guerra que le preparaban Constantino y Licinio. Pero, ¿qué obtuvo de tales intentos impíos? Vencido en varias batallas por Constantino, terminó por perecer ahogado en el río, al romperse el puente Milvio que él mismo había construido con barcas, preparado así para su propia ruina. Los cristianos dijeron que su fin fue semejante al castigo del faraón.


Escribe también Olaus Magnus que cierto Methotin, célebre en el arte mágico, se atribuyó una falsa dignidad, casi divina, y sedujo a los hombres sencillos con la fama de sus engaños, llevándolos a ofrecerle sacrificios. Como sumo sacerdote de los dioses, ordenó ceremonias y ritos distintos para cada uno, afirmando que las ofensas no podían expiarse con sacrificios comunes o mezclados. Finalmente, descubiertos sus crímenes, fue muerto por la multitud.

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