San Vicente Ferrer tuvo una aparición de su hermana

   


 Doña Francisca— mientras sufría en el purgatorio. Ella se le manifestó en estado de gran tormento y le suplicó ayuda, explicándole que no podía liberarse por sí misma. 

En esa aparición le dijo, en esencia, que su sufrimiento era intensísimo, comparado con un fuego que la consumía, y que solo podría ser liberada si él ofrecía por ella ciertas misas con devoción. Insistía en el vínculo familiar: “eres mi sangre… ayúdame”, implorándole que intercediera por su alma. 

tras esta visión, un ángel confirmó la veracidad de la aparición y le indicó a San Vicente el modo concreto de ayudarla: debía celebrar una serie de misas especiales (conocidas como las de San Gregorio). Estas misas, según la tradición, tenían gracias particulares para la liberación de las almas. �

La Obra de Dios

Además, en esa misma tradición se afirma algo muy fuerte: que la hermana había sido condenada a permanecer en purificación hasta el fin del mundo, aunque esa pena podía ser abreviada mediante esos sufragios. �

La Obra de Dios

Después de cumplir lo indicado, el relato concluye que el alma fue finalmente liberada, lo que se presenta como prueba del valor de las misas ofrecidas por los difuntos.

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