Si no cree en el valor sagrado del matrimonio, mejor no se comprometa

 


Si no cree en el valor sagrado del matrimonio, mejor no se comprometa.
Si no entiende la fidelidad como un compromiso firme, mejor no se comprometa.
Si no tiene amor verdadero en su corazón, mejor no se comprometa.
Si no está dispuesto a ser leal en todo momento, mejor no se comprometa.
Si le cuesta perdonar y sanar las ofensas, mejor no se comprometa.
Si contempla el divorcio como una salida fácil desde el inicio, mejor no se comprometa.
Si no desea madurar más allá del simple sentimiento pasajero, mejor no se comprometa.
Si guarda secretos importantes que afectan la vida en común, mejor no se comprometa.
Si no quiere renunciar a ciertos hábitos para construir un hogar, mejor no se comprometa.
Si prefiere una vida desordenada de placeres y fiestas constantes, mejor no se comprometa.

El matrimonio no es un juego ni un acuerdo superficial. Es un pacto serio que exige entrega, sacrificio y verdad.

“Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.” — Génesis 2:24

“El amor es paciente, es bondadoso; el amor no tiene envidia, no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor.” — 1 Corintios 13:4-5

“Lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre.” — Mateo 19:6

“Sobre todo, vístanse de amor, que es el vínculo perfecto.” — Colosenses 3:14

“Sean bondadosos y compasivos unos con otros, y perdónense mutuamente.” — Efesios 4:32

Quien decide comprometerse debe comprender que entra en una alianza que pide constancia, verdad y entrega diaria. No es cuestión de emociones momentáneas, es una decisión que abarca toda la vida.

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