San Bernardo narra una visión en la que distintos hombres aparecen representando sus conductas:
Un hombre come arena del mar es el falso comerciante, porque engaña en pesos y medidas y se alimenta de fraude sin saciarse nunca.
El que aspira fuego sulfuroso es el ladrón, ya que en sus caminos y acciones vive rodeado de violencia y daño, y arrastra para sí lo que quema su conciencia.
El que recoge chispas es el usurero, porque persigue pequeñas ganancias con gran avidez, reuniendo lo mínimo con esfuerzo desordenado y sin medida.
El que devora sus propias carnes es el cruel, ya que con su dureza daña a otros y termina consumiéndose a sí mismo en su propia maldad.

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